testimonio

De Gandhi y “la paz”

“Estoy muy nerviosa, hoy leeré un texto de Gandhi delante de todo el colegio, ¡y aún no he terminado de colorear las palomas que me dio la profe!”.
30 de enero de 1997, yo tenía 10 años.

Probablemente si has nacido desde finales de los sesenta en adelante te resuene esta escena, y recuerdes el 30 de enero como una jornada escolar festiva, el Día Escolar de la No-violencia y la Paz. Pintar y recortar dibujos de niñes de distintas etnias cogidos de las manos, oír en bucle por los altavoces del recreo el himno “Que canten los niños” de José Luis Perales, profesores recitando poesías interminables…
Lo mejor de ese día era que no había clases, o al menos eso pensaba de niña. Porque “la paz” para nosotres sólo significaba un día de fiesta, argumentos simples y buenistas, símbolos hippies y adultes hablando en un lenguaje incomprensible. Porque la paz era algo que nombrar un día al año pero olvidar los 364 restantes.

Decía Gandhi, cuyo aniversario de muerte es la fecha elegida para esta celebración, que “no hay camino para la paz, la paz es el camino”. Y es que no se trata de un fin, sino de un medio en sí misma. Una forma de estar en el mundo, de sentir-pensar-actuar. Podemos dejarlo para más tarde, podemos caer en la comodidad de dejarnos llevar por la inercia del día a día, pero recogiendo de nuevo sus palabras, “el futuro depende de lo que hagas hoy” así que “sé el cambio que querrías ver en el mundo”.

Somos co-responsables de la sociedad que conocemos, y por pequeños que nos parezcan, nuestros actos tienen una repercusión inimaginable. La manera en que abordamos los conflictos, o en que nos relacionamos entre iguales y con nuestro entorno, todo ello cuenta y todo ello contribuye a la paz de una misma y a la paz global.
Así pues, no fue sino con los años que esta palabra dejó de estar vacía para colmarse de significados. Y hoy la entiendo como un estado interior de sosiego, tolerancia y escucha desde el que, sin tratar de evitar los conflictos, encarar la realidad personal y colectiva. Unida además al deseo de una sociedad justa, medioambientalmente comprometida y de respeto por la diversidad. Y pude traducirla en actos concretos como adentrarme en la Comunicación No-violenta de Marshall Rosemberg, alimentarme con comida que respetara a la tierra y les agricultores, reconciliarme con mi ciclicidad y pasar a usar alternativas menstruales sostenibles…

Y para ti, ¿qué es la paz y cómo se traduce en tu vida cotidiana?

Rina
Aguas de Luna

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